Nuestra Obra de Teatro, la Vida

´Danzando con la Vida¨

Todos los humanos somos actores de primer nivel actuando en esta gran representación que es la Vida. Disfrutamos tanto metiéndonos en el papel de nuestros propios personajes que la mayor parte del tiempo tomamos lo ilusorio como real. Es increíble lo bien que llegamos representar el drama, o la intensidad que ponemos en representar una abundante carencia ya sea económica, afectiva, o de autoestima. Sólo cuando ponemos perspectiva y tomamos conciencia, es cuando recordamos que estamos “jugando” (playing) unos roles. Es fascinante y tiene un gran mérito y una gran belleza toda gran obra humana, toda Vida humana.

Cuando observo mi gran obra, me siento muy orgullosa. He representado tan bien cada papel elegido para cada experiencia, en muchos casos con tanta pasión, que sonrío y, llena de admiración, me quito el sombrero ante mí. Y me invade una enorme sensación de respeto.

Eso no podía hacerlo cuando estaba tan “dormida” que pensaba que solo había una realidad en la que era víctima de las circunstancias, que me mantenían en la rueda de la vida dando vueltas y más vueltas.

El victimismo y la sensación de que me invadían el espacio y tenía que defenderlo eran dos de mis relatos favoritos, sin olvidarme de que tenía que salvar al mundo y a todos aquellos que tenían problemas, ah!!! y que no era suficientemente valorada ni querida. Imagina que ensalada podía resultar de esa mezcla, sabores intensos, a veces agrios, otras tan picante que ardía, unas veces iba de superior, de sobrada y al mismo tiempo de carente. En realidad, una mezcla de difícil digestión. Y lo notaba en mis representaciones. Tenía que pasar por esa amalgama con rapidez, pero con frecuencia me quedaba enganchada con alguna de ellas. Me aportaba algo, un no sé qué que me mantenía en el personaje más tiempo del que era necesario, a veces hasta sentirme vacía. En algún momento, en mi interior se movía con prisas un deseo de cambio, de cambiar de obra, de ensalada. No quería pasarme toda una vida con los mismo ingredientes. Tarde o temprano llegan los cambios a nuestra vida. Son los que nos libran del estancamiento. Los cambios son como los Actos en la Gran Obra.

Quizás la tuya sea una vida que carece de grandes viajes o de grandes proezas, pero párate un momento, obsérvala y te darás cuenta de la pasión que hay en ella, de la intensidad con la que vives el momento, tus creencias, tus límites, sí esos que crees que te imponen los demás. Quizás la tuya sea una vida con una gran actividad, párate y observa qué o quién hace que sea intensa. Observa que papel ha jugado ese factor o rol llamado cambio, qué ha llevado a tu vida, de qué te ha liberado, o qué te ha ayudado a soltar.

La experiencia y ponerme en perspectiva me ayudó a dejar de identificarme con mis creaciones, con mis personajes, con mis vestimentas. Y no por eso mi vida deja de ser apasionante, ni intensa. Ahora no necesito recrear dramas y si surgen soy capaz de salir de ese personaje con muchísima rapidez, ya no hay ningún placer en representarlo. Como tampoco lo hay en el victimismo, o en sobrevalorar el sufrimiento ni el sacrificio, ni en criticarme . Soy la creadora de mi obra de teatro, de mi realidad. Aplaudo todas mis creaciones, las experimento en el gran escenario que es la vida, luego las abrazo porque forman parte de todo lo que Soy. Voy sumando Actos a esta gran obra, cada vez más conscientes, de una gran belleza y valor.

Clara Freire

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